ELLA:
En esta oscura y gélida noche,
cuando el frío se siente tan fuerte,
mi cuerpo ansía tu cuerpo
y desespera por verte llegar.
El crepúsculo anuncia la noche,
la luz de luna cruza mi ventana
iluminando mi desnudez desesperada,
ansiosa por ser tuya una vez más.
ÉL:
Escucho una voz suave en el silencio,
un murmullo que escapa a la oscuridad,
mi corazón palpita muy rápido y tan fuerte
que mi ser se llena de una profunda ansiedad.
Siento una incontrolable necesidad de tu piel,
mis manos desean locamente tu cuerpo
como una droga que calma el dolor
y que opaca cualquier sufrimiento.
ELLA:
Una silueta cruza la puerta,
cómplice de las sombras se aproxima,
con paciencia entra en mi cama
y siento sus manos viajar sobre mi piel.
Reconozco la calidez de tus dedos
y esa forma tan única que tienes de acariciarme,
de hacerme soñar estando despierta
y hacer de mis sueños una viva realidad.
ÉL:
Lentamente exploro tu cuerpo
y es como aquella primera vez
que mi ser se consume en ardiente deseo
por entrar al tuyo y allí mi alma perder.
No me importa si existe el infierno
aunque lo vivo cuando no estás conmigo,
sólo sé que en cada encuentro juntos
mi dicha es tan grande como lo es el infinito.
JUNTOS:
Y aunque tenemos toda la noche
sé que no bastrá para amarnos,
para entregarnos este amor que nos sobra
y que crece a cada hora, en cada beso y en cada abrazo.
Bésame ahora, qué importa el mañana,
que el mundo se acabe si es lo que toca
pues mi Universo es estar a tu lado
y mi Paraíso Eterno sólo existe en tu boca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario